Sobre ser mujer y cumplir sueños: Lucy Lemus

Sobre ser mujer y cumplir sueños: Lucy Lemus

Por Heidy Alachán

“… ¿cómo hacés para que triunfe la belleza?

¿qué dignidad hace que esa tu risa estalle?

Ay, cómo me llena esa fuerza que tenés.

Guillermo Anderson

“En 2019 tomé la decisión de sacar mi bachillerato trabajando de lunes a viernes en la municipalidad de Arizona, haciendo trabajo de ama de casa y estudiando los sábados y domingos, viajando hacia el puerto de Tela y lo logré. Ahora mi sueño es seguir en la universidad y poder sacar una licenciatura.”

Lucy tiene 38 años. Es una mujer de piel canela o trigueña, como acostumbramos decir en estas honduras. Usa el cabello a los hombros, siempre de color negro. Sus ojos son café oscuro y un poco achinados, sobre todo cuando sonríe. De pocas palabras, en general, pero con la palabra precisa y la claridad política cuando decide romper el silencio.

Lucy es la encargada política de formación del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia y la responsable de comunicaciones del núcleo de Arizona, en Atlántida, zona donde habita.

Por estos días recientes, nos ha dado una lección grande y hermosa sobre cumplir sueños. Se graduó del bachillerato en Ciencias y Humanidades.

Lo que inició como un sueño, luego se convirtió en una decisión de lograrlo. Lucy cuenta que fue en el año 2014 que tomó la decisión de seguir con sus estudios.  “…a mis 33 años comencé de nuevo”, cuenta.

Lucila Yamileth Lemus Cruz o “Lucy” como cariñosamente la llamamos quienes tenemos el privilegio de compartir con ella la militancia y los sueños colectivos, nació en el puerto de Tela, Atlántida, el 26 de febrero de 1982. Hija de doña María Juventina Cruz Gómez y de Don Francisco Lemus Marques, conocido popularmente como “Don Chico” quien trabaja en la ebanistería, proviene de una familia conformada por 6 hermanos en total, 5 mujeres y 1 varón. Lucy cuenta que a dos de sus hermanas les ha tocado emigrar del país por la falta de posibilidad de un trabajo.

Recuerda que su niñez la vivió muy feliz en el municipio de Arizona, Atlántida y  que estudió en la escuela Carlota Márquez de Paz García. Para 1994 Lucy ya tenía su título de sexto grado, pero la realidad la golpeó desde entonces, ya que a pesar de ser una buena estudiante, por cuestiones económicas y la situación de su familia no pudo seguir estudiando y tuvo que empezar a trabajar.

-“Lo que más recuerdo de mi infancia”, me dice, “es la seguridad con la que jugábamos con nuestros vecinos en la calle hasta altas horas de la noche y no pasaba nada. Las veces que mi madre nos llevaba en aquel entonces al río Arizona.” En la actualidad el río Arizona se ha convertido en un riachuelo del cual, como dice Lucy  “solo los buenos recuerdos quedan de lo caudaloso que era.”

Lucy se casó a temprana edad, a los 14. A los 15 tuvo a su primera hija que ahora tiene 23 años. A esa edad también le tocó posponer sus sueños de estudio,  esta vez ya no por la precariedad económica de su familia, sino por su hija, su trabajo, su esposo, su casa.

Pero la vida es sabia y nos cruza siempre en el camino con otros seres, con otras mujeres que nos sostienen pero que también nos empujan a comernos el mundo que también es para nosotras. En 2008 Lucy inició a trabajar con Doña Elena Gaitán, compartió con ella hasta el 2018.

Doña Elena obtuvo su título de Bachiller a los 45 años, por eso fue clave para que Lucy despertara en sí misma sus sueños, aspiraciones y metas que parecían dormidas entre la normalidad de maternar y trabajar para la sobrevivencia. Le insistía en que no hay edad para superarse.

Fue así que en el año 2014, Lucy tomó la decisión de seguir estudiando, se matriculó en el Instituto de Educación por Radio IER. En 2017, producto de su esfuerzo y dedicación, en medio del cuidado de sus 4 hijos, dos mujeres y dos varones, de su trabajo y el trabajo de la vida en pareja, culminó su ciclo común.

En 2015 Lucy ya había escalado un peldaño más, se había demostrado a sí misma que su fuerza, entrega y dedicación tenía recompensas y que sus sueños estaban tan cerca como ella lo deseara. Pero ese año llegó no solo con un título, sino también con la inquietud y la necesidad de pensarse de manera más activa su entorno, su municipio, el departamento y el país. En esto también fue clave doña Elena. Ambas fueron coincidiendo en el reconocimiento de la necesidad de organizarse, de plantearse la lucha por la dignidad.

Esa misma Lucy que le plantó cara al sistema patriarcal que nos quiere de madres jóvenes, en las casas y en lo privado, no solo se atrevió a hacer realidad su derecho a ser mujer profesional, sino también a ser mujer que decide sobre lo público. Empezó siendo miembra del patronato de su barrio, luego del patronato central de su zona y así sucesivamente. Conoció del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia por Wilmer Ramos, un joven militante activo del MADJ en el sector, a quien Lucy recuerda con cariño. 

Todo eso fueron los inicios de un camino para Lucy que se sigue confeccionando con su día a día. Una Lucy con claridad política, afianzada en un proyecto político por la dignidad y la justicia para su departamento y para Honduras.

Actualmente sigue siendo miembra del patronato, miembra de la Junta de Agua y como ella misma lo manifiesta: “orgullosamente militante del MADJ.”

Ha desempeñado y sigue desempeñando un papel muy importante en la organización y en la formación dentro del MADJ. Es uno de los pilares fundamentales de la lucha que se sostiene desde el Campamento Digno en Defensa del Río Jilamito, plantándole cara y ejerciendo soberanía frente a una empresa extractiva depredadora que pretende aprovecharse de su río, la única fuente de agua que les queda para su consumo a 26 comunidades.

Trabaja en la Oficina Municipal de la Mujer de Arizona. Con compromiso militante en vela por sus derechos y por los de las demás mujeres de su zona, por la igualdad de género e interviene también en el área de Niñez, Juventud y Adulto Mayor.

Lucy la tiene clara desde su propia experiencia, ella afirma que se trata de “luchar contra el capitalismo y el patriarcado al mismo tiempo. Luchar contra las múltiples opresiones que nos afectan a nosotras, las mujeres”.

Reflexionando en los retos que le ha tocado enfrentar, Lucy enfatiza en que el mayor de todos es ser mujer y vivir en un país como el nuestro. Ser ama de casa, luchadora social, estudiante, trabajadora, madre, esposa. Todo al mismo tiempo. Ese es un verdadero reto.

Ella sabe que sus sueños de seguirse educando ha sido un reto que le ha tocado afrontar desde sus 33 años, desde el mismo momento en el que decidió empezar de nuevo. Pero Lucy es optimista y afirma que “con la ayuda de Dios seguiré adelante, pues sabemos que leyendo y estudiando hacemos la diferencia.”

Sus aspiraciones, cuenta, es demostrarle a sus hijos e hijas con hechos que no se dejen vencer por los tropiezos, por los obstáculos que cruzamos en la vida. Que siempre hay un camino que seguir, siempre hay una meta que alcanzar.

Lucy sueña, sueña y trabaja día a día por hacer de esos sueños realidad, por eso, para alcanzar su aspiración más próxima que continuar estudiando en la universidad y cursar  una licenciatura, ya es aspirante a hacer el examen de admisión universitario. En unos años, veremos a una Lucy convertida en Técnica en Desarrollo Local para poder “trabajar por  las mujeres y los jóvenes de nuestro municipio de Arizona”, como ella misma afirma.

Lucy y sus logros son una luz que iluminan estos días oscuros para el país y para el mundo. Son esperanza en medio de un mundo y una sociedad altamente machista y empecinada con nosotras, con nuestras vidas y nuestros cuerpos, con nuestra capacidad de decidir y de hacer nuestros propios caminos. Ella y su esfuerzo, su poder plantar cara a los obstáculos nos recuerdan la fuerza que solo nosotras sabemos guardar y mostrar.

Y no se trata de romantizar el sacrificio, de esconder la responsabilidad de los valores patriarcales que dirigen nuestras sociedades, de esconder el dolor y las marcas que nos deja el luchar día a día porque nuestra existencia se note e importe. Se trata de decir en voz alta, al patriarcado, a la sociedad misma que aún medio de esas cenizas nosotras resurgimos, que no hay fuerza mayor que la nuestra, que la voluntad de abrir caminos y de sobre ponernos a los destinos que nosotras no elegimos. Que aún con todo lo que no está bien nosotras seguimos andando, convencidas de que queremos y vamos a cambiarlo todo.

Que como bien ha escrito nuestra poeta Clementina Suárez “No he venido al mundo para llora (…) no importa que pretendan negar la luz de mi destino… Más lo que así pretendan que por mí no teman que haría falta para ello desconocer que yo aprendí a cantar con las palabras justas. Ignoran acaso que en el recinto de mi pecho he dejado entrar el universo y que tengo como cumplido deber gozoso amar la justicia, la lucha, la esperanza y afianzare a ellas con mi corazón, mi canto y la vida misma.”

Albertina López: El campamento es mi vida

Por Heidy Alachán

– Para mí el campamento es la vida, me dijo.
La observé atónita, enternecida, con alguna lagrimilla pujando.

-Muy bien, respondí, con la voz a medias. Ahora vamos a contar quién es Albertina.

Estaba sentada a mitad del patio con sus seis meses de embarazo en un vestido azul, en plena tarde de sábado. Llevaba el cabello recogido y el rostro sin maquillaje. Me impresionó una y otra vez la firmeza en su mirada para decir doblemente que habían transcurrido solo unos pocos días luego de que fuera encarcelada injustamente por defender el agua.

Me detuve varias veces en sus manos, pequeñas y rústicas, colocadas sobre su estómago abultado por el embarazo y pensaba en cuánta fuerza y cuánta vida contenían.

-Yo nací en Planes de Arena Blanca, en el 76, afirmó. Mi papá es Alejandro López y mi madre, Aida Melgar, ambos aún viven. Mi papá se dedica a la agricultura y mi mamá, siempre ha sido ama de casa. Tengo 9 hermanos, y yo soy la mayor. Ese es el mejor recuerdo de mi infancia, ¿sabe? Haber vivido como una familia unida, funcional. Mis abuelos paternos fueron como mis padres, ellos me enseñaron a creer en Dios y desde entonces siempre he sido católica.

Asentí con mi gesto cuando afirmó eso, yo también me he sentido afortunada por el regalo de la familia. Me acomodé en la silla y pregunté: ¿Y qué pasó con la escuela en ese tiempo?

Sonrió, mientras colocaba su bolso sobre sus piernas.

-Pues yo estudié en la Escuela Juan Lindo, en Planes de Arena Blanca. Siempre recuerdo al profesor Ricardo Mendoza, fue mi maestro por 4 años. Todos los años nos llevaba al río Mezapa a sembrar árboles. Antes de empezar la siembra, nos sentaba a la orilla y nos hablaba de la importancia de cuidarlos, que no debíamos cortarlos y casi como profeta, repetía que en 20 años nos íbamos a quedar sin agua. Ahora que lo pienso, en mi etapa adulta, me doy cuenta que ese fue mi primer acercamiento con el valor de la naturaleza.

Tomé nota de ese último dato. Siempre hay personas que nos marcan la vida, pensé. ¿Y luego de la escuela, cómo fue etapa del colegio?… Me miró, y entre seria y esquiva me dijo: yo estoy estudiando en el colegio ahora. Así que ella continuó:

-A los 14 años me fui para San Pedro. Yo quería estudiar costura y mi tía me iba apoyar, pero debía irme a vivir con ella en la ciudad. Y así pasó, me fui a donde mi tía, estudié costura y en esa época de los 90´s estaban en auge las maquilas. Pedí permiso para iniciar a laborar y así llegué a ser operaria. Al final, que no supe cómo, pero le dediqué 14 años a la maquila. Fue una bonita experiencia, aprendí a convivir con la gente y a cuidarme sola. En ese tiempo y en ese entorno había mucha droga y mucha prostitución. Me tocó saber cómo y con quién caminar para cuidarme de todo eso.

A los 21 años tuve mi primer hijo, ahora él ya tiene 20. Luego vinieron los otros, puros varones. Tengo uno de 15, el otro de 11 y este embarazo que llevo 6 meses. Luego de los 14 años en la maquila, decidí devolverme a Planes de Arena Blanca, no me gustaba lo difícil que se estaba poniendo tener agua en la ciudad, recordaba siempre que acá en mi comunidad eso no era problema.

Se escucharon voces en la parte frontal de la casa. Había llegado más gente del campamento a buscar el cafécito de la tarde. Volteó el rostro y continuó:

-¿Qué cómo inició mi historia con la defensa del agua? Con la pastoral social. Mi abuela me enseñó a servir en la iglesia desde muy pequeña, y así crecí. Ya en 2011, me había casado y junto a mi esposo, quien es presidente de la junta de aguas de la comunidad, nos enteramos de que el río había sido concesionado. Nos costó creerlo hasta que un día nos llegó lodo en lugar de agua y fue cuando nos reunimos con otras juntas de agua para accionar. Era todo confuso porque el alcalde, Mario Fuente, en 2013, en plena campaña política se comprometió a proteger nuestros bienes naturales. Cómo nos ha mentido.

Así pasaron varios años, con el proyecto trabajando, nuestro río cada vez más dañado y las comunidades sufriendo las consecuencias. El río que siempre había sido nuestro, el río bondadoso de mi infancia, tenía cada vez menos árboles y menos agua. Por eso después de tocar puertas en todos lados para que nos ayudaran, me decidí. Era la hora de salir a la calle, de sacar toda la fuerza empleada en patronatos, juntas de agua, asociaciones de padres de familia donde tuve cargos de dirección para defender decididamente nuestro río.

Suspiró y entonces mencioné el campamento. ¿Cómo pasó de todo eso a la instalación del campamento? Se puso de pie un momento y estiró la parte baja del vestido, como pretendiendo cubrirse un poco más debajo de la rodilla. Con las manos colocadas sobre uno de los tendederos que cruzaban el patio, siguió relatando:

El 14 de marzo, ya siendo parte del Movimiento Amplio, nos movilizamos todas las comunidades y ya el 22 de marzo decidimos que acá íbamos a quedarnos hasta recuperar nuestro río. Y acá estoy. No puede pasar un día sin que venga. Yo defiendo el agua porque estoy convencida de que el agua es vida, ¿sabe? Mi consciencia me dice que estoy llamada a defenderla, que es tarea de todos y no de unos pocos.

Me encarcelaron y acusaron por defender el agua, como si fuera un delito. Me indigno cuando pienso que en este país los delincuentes y corruptos andan libres y a quienes defendemos el agua nos tildan de delincuentes. Pero por eso también lucho, porque necesitamos transformaciones profundas, para hacer que todo eso un día cambie.

Albertina, le dije, y me observó de inmediato. ¿Qué diría desde su experiencia defendiendo el agua?

-Que no tengan miedo porque paraliza e intimida. Cuando yo inicié esta lucha, sabía que no iba a ser fácil, pero asumí todos los riesgos y ahora también asumo los señalamientos injustos. No soy delincuente. Yo ya no podría decir que abandono la lucha, porque el agua es mi vida, este campamento es mi vida y si lo abandono, todos mis años quedarían perdidos.

Sonreímos llenas de complicidad y ternura. Extendió sus manos, llenas de fuerza y vida y me abrazó. Excusé ir en busca de café para disfrutar en silencio su existencia.

Me fui con la certeza que un vientre nos une a todas, que son nuestras manos las que mueven el mundo y de nuestra fuerza se nutre la esperanza. Que estamos en todas partes, miles de Albertinas “levantando en andamios la esperanza” en este paísito de amores y dolores y en este mundo nuestro que siempre cabe acurrucado en el pecho.

Me fui con la certeza de que hoy más que nunca, seguimos hilvanando la historia, pero nunca más desde el silencio, porque podemos y debemos decir nuestros nombres, porque podemos contarnos unas a otras y decir que desde nuestros vientres se teje la esperanza de los otros mundos posibles.

Agosto, 2017

Declaratoria encuentro de mujeres MADJ 2019

DECLARATORIA ENCUENTRO DE MUJERES MADJ 2019

“MARÍA ENRIQUETA MATUTE”

¡Construyendo dignidad y justicia!

Nosotras, mujeres integrantes del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia, pertenecientes a diferentes núcleos comunitarios y procedentes de distintos  territorios donde sostenemos resistencias dignas y pacíficas en defensa de nuestros bienes naturales,  contra el extractivismo, la corrupción e impunidad que trae el modelo de muerte. Nos juntamos durante un día y medio para reconocernos, para aprender y desaprender, para compartir sobre la vida, y rendir memoria en especial a una de nuestras Ancestras, María Enriqueta Matute, asesinada en la lucha del pueblo tolupán en defensa del bosque y la dignidad.

Declaramos estar contentas por haber tenido nuestro momento y espacio como mujeres porque fue armonioso en la palabra. Hablamos con confianza y respeto porque son distintas las vidas de cada una, desde las costumbres, las creencias y  lo que nos ha tocado por vida. Unas muy jóvenes y otras con muchos años, unas apenas llegadas a las luchas y otras iniciadoras de campamentos, de caminatas, convocantes de otras, unas madres, otras decididas a no serlo, celebrando nuestras diferencias como principio político de nuestra organización y de la vida.

Declaramos que valoramos nuestro espacio mixto organizativo y que el habernos encontrado sólo entre mujeres y pensado desde ser mujeres, por primera vez dentro de nuestro  MADJ, nos alegró mucho y decidimos que se instale como una práctica política periódica de nuestra organización, pero además que profundizar en el conocimiento, la reflexión y el debate sobre la interseccionalidad y la relación entre los sistemas de opresión sea una práctica permanente en nuestros campamentos, núcleos, asambleas y en las calles.

Declaramos sentir que hemos abierto una brecha con el entendimiento que la lucha contra el capitalismo  es al mismo tiempo que la lucha contra el patriarcado y el racismo, que es tanto en nuestras vidas como dentro de nuestra organización, de nuestra comunidad y por supuesto del país, porque nos falta reconocer en nosotras las secuelas del patriarcado y a veces manifestamos actitudes machistas, clasistas o racistas, porque mujeres y hombres debemos comprenderlo bien para caminar de la declaración a las acciones organizativas concretas y honestas que nos hagan desmontar estas opresiones en lo individual y lo colectivo para avanzar en nuestras luchas emancipatorias en el marco de la apuesta política integral del MADJ.

Declaramos que somos mujeres importantes, determinantes en el sostenimiento de las luchas y desde esta certeza reiteramos nuestro compromiso en los territorios, en cada campamento digno, en cada calle caminada en la que gritamos consignas, con la alegría de sabernos iguales y codo a codo con nuestros compañeros. Vamos a seguir poniendo en valor nuestro aporte y nuestro poder en la toma de decisiones para refundar por adelantado al tiempo que declaramos en libertad los ríos, los bosques, nuestros territorios vida y nuestros cuerpos que son territorio pero también son tejido.

Llamamos a todas, en las tribus, comunidades, en las ciudades de Honduras y de los países de nuestra América a luchar organizadamente, a construir y echar a andar procesos de liberación que se ajusten a nuestras condiciones y realidades concretas, que se hermanen con los del resto de mujeres del mundo que luchan por todas. Llamamos a seguir encarnando la dignidad y la lucha por la justicia, porque creemos y entendemos que los sueños se construyen cada día en comunidad.

Arena Blanca, El Progreso Yoro, Honduras. 1 de Diciembre 2019

¡DESDE LA DIGNIDAD SIEMPRE!