Acampada de la Dignidad, Tegucigalpa, Honduras, 13 de enero de 2026

POSICIONAMIENTO DEL MOVIMIENTO AMPLIO POR LA DIGNIDAD Y LA JUSTICIA (MADJ) Y SUS TERRITORIOS ARTICULADOS/ ORGANIZADOS ANTE LA CRISIS NACIONAL E INTERNACIONAL

Desde los territorios, pueblos y comunidades organizadas y articuladas en el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ), comparecemos este 13 de enero de 2026 en la ciudad de Tegucigalpa, con la frente en alto y la convicción firme de quienes no se rinden, para decir ¡presente!, y afirmar que la dignidad organizada no se arrodilla, ni se rinde ante las élites políticas económicas de Honduras que han hecho fracasar el presente proceso electoral, ni ante países con ínfulas imperialistas que creen que América Latina les pertenece.

Puntualmente, nos movilizamos y nos plantamos en la Acampada de la Dignidad para rechazar la envestida imperialista que amenaza la soberanía de los pueblos y pretende imponer, mediante la fuerza, la injerencia y la violencia, proyectos de dominación, corrupción, saqueo y muerte. Nos movilizamos porque sabemos que solo la organización popular/territorial, la articulación política y solidaria y la lucha desde cada comunidad puede frenar la violencia estructural del capital, del narcoestado y del imperio.

Esta movilización es un llamado urgente al pueblo consciente a defender sus derechos y su dignidad ante la llegada de un nuevo gobierno de la mano de un partido político que nos ha demostrado, en un pasado reciente, su desprecio por los derechos humanos y su desbocada corrupción. No hay salida individual ni salvación delegada. La historia de Honduras ha demostrado que únicamente el pueblo organizado ha sido capaz de resistir, confrontar y abrir caminos frente a los proyectos de despojo y sometimiento.

En este momento político, levantamos la voz para afirmar con claridad que el gobierno saliente de LIBRE dejó profundas deudas con el movimiento popular y con la ciudadanía hondureña, porque prácticamente gobernó de espaldas a los sectores organizados que necesitábamos respuestas de fondo, políticas y accione claras, a nuestros problemas de tierra, vivienda, concesiones de nuestros recursos naturales, etc.

A pesar de las expectativas generadas, no se produjo, ni siquiera el inicio de una ruptura estructural con el modelo de saqueo, desigualdad e impunidad. Se acomodaron e hicieron causa común con los que concentran de manera obscena la riqueza, ejecutan todas las formas de extractivismo depredador sobre los bienes comunes, los que criminalizan la protesta social y se amparan en un sistema de justicia funcional a los intereses de las élites.

No hubo justicia integral para las víctimas del golpe de Estado, no se avanzó en la deducción de responsabilidades a los ejecutores de la corrupción sistémica, no se paró el extractivismo y los avances sociales son más estadísticas que personas reales. Por el contrario, se consolidó un andamiaje institucional que reproduce pactos de impunidad: un sistema judicial inoperante, un Congreso Nacional subordinado a las mafias político-empresariales, fuerzas armadas y policiales reforzadas al servicio de intereses corporativos y geopolíticos, y una gestión estatal fragmentada, sin conducción política firme ni voluntad transformadora.

En este contexto, advertimos al nuevo gobierno que en el MADJ y en los pueblos organizados encontrará bravura, resistencia, dignidad y coraje para defender derechos, territorios y vida. No seremos espectadores pasivos, ni acompañantes silenciosos de un nuevo ciclo de imposición. Somos sujetos políticos en lucha.

El 2026 no se presenta como un año fácil para Honduras ni para el mundo. La crisis civilizatoria se profundiza: guerras, autoritarismos, empobrecimiento de los pueblos, desplazamientos forzados y colapso ambiental. Asumimos esta realidad no para paralizarnos o amedrentarnos, menos para seguir aplicando la fórmula del capitalismo del salvémonos cada quien como podamos… Nuestra apuesta apunta a convertir la adversidad en oportunidad, porque para la gente organizada todo tiempo es tiempo de lucha, de compromiso y de construcción articulada y colectiva en comunidad y dignidad.

Como organización que lucha por la soberanía con dignidad, en conexión con los pueblos del mundo, condenamos con firmeza la agresión armada e ilegal de Estados Unidos contra Venezuela, una violación flagrante del Derecho Internacional que confirma el carácter imperialista e intervencionista de su política exterior. Rechazamos la guerra, la injerencia y la hipocresía que se disfraza de democracia mientras se impone por la fuerza y se protege la impunidad, como lo evidencia la liberación del mayor capo del narcoestado hondureño, Juan Orlando Hernández.

Estados Unidos —dirigido por una élite económica y militar— recurre nuevamente a la violencia extrema ante la pérdida de control hegemónico global, buscando asegurar el dominio territorial y el saqueo de la riqueza de nuestro continente. Hoy es Venezuela; mañana será cualquiera otro país. Esta lógica de guerra permanente pretende reinstalar el miedo como forma de dominación.

Frente a la degradación del derecho internacional y la inutilidad de los Estados para contener la barbarie del capital transnacional, los pueblos organizados somos la única alternativa real para frenar la violencia imperial y reconstruir, desde abajo, un orden justo, solidario y soberano.

Desde la Acampada de la Dignidad reafirmamos nuestras banderas históricas de lucha: el derecho a la tierra y al territorio; la lucha antiimperialista, la defensa del agua, de los bienes comunes y de la vida; la autodeterminación de los pueblos; la lucha contra la corrupción, la justicia para las víctimas; el fin de la criminalización y la persecución política; y la soberanía popular como horizonte irrenunciable.

Por ello nos movilizamos en la capital de la República. Porque sin justicia, sin agua, sin tierra y territorio no hay comunidad, y sin comunidad no hay dignidad. Convocamos a las organizaciones populares, movimientos sociales, comunidades, juventudes y ciudadanía consciente a articular resistencias, profundizar la organización y sostener la movilización permanente.

No negociamos nuestros derechos.

No delegamos nuestro futuro, No renunciamos a la esperanza organizada.

Somos MADJ. Somos Dignidad Organizada.

¡Por la Vida toda, por la humanidad, la dignidad y la soberanía de nuestros pueblos!

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